Saturday, December 12, 2009

El Barrio de Tres Mil..


Desde el interior del coche, las calles de las Tres Mil Viviendas se ven llenas de basura a la caída de la tarde. Un grupo de niños, sin importarles la suciedad, pasea sus juguetes de plástico. Grupos compuestos sólo por hombres, desperdigados entre los edificios, charlan a la manera intermitente de quien parece no tener otra cosa que hacer. Ropa limpia cuelga de las ventanas y los balcones de unos edificios de paredes grises y sucias, cubiertas de graffiti. Empezamos a sacar algunas fotos. De repente el coche tiene que detenerse. Dos agentes de la policía vienen hacia nosotros. “¿Porque sacan ustedes fotos aquí?” La explicación de que somos estudiantes, que están investigando para una clase de periodismo, no les convence. Así que nos conminan a no sacar más y nos aconsejan marcharnos. “Podría ser peligroso para ustedes”, nos dicen. Llenas de asombro, decidimos hacerles caso.

Ese mismo mediodía habíamos conocido a dos chicos que viven en el barrio. Desde su instituto de enseñanza secundaria, el Ramón Carande, situado en la linde de las barriadas obreras de las Tres Mil y el Tiro de Línea, ellos y ocho más de sus compañeros de clase, habían venido a visitar a nuestro grupo de estudiantes norteamericanos del centro de Estudios de CIEE, situado en el Casco Histórico de Sevilla. Ésta seria una de esas poquísimas ocasiones en que salían del barrio y una auténtica fiesta para ellos. Daniel, como muchos de sus compañeros de instituto y muchos de los vecinos de su barrio, es gitano. Ese día había decidido llamar la atención. Sin mostrar ninguna timidez, me había hecho una señal desde lejos para que leyera el letrero de su camiseta: “Demasiado SEXO nubla la vista.” Antes de que nos quisiéramos dar cuenta, Daniel y Fran, dos chicos de apariencia bien distinta, se habían situado al frente de la clase. Daniel es bajo para su edad, aunque musculoso. El pelo corto sin gomina, a diferencia del de sus compañeros, enfatiza su aspecto seguro y confiado. A pesar de no ser muy alto, parece algo mayor que los 17 años que no aparenta.

Fran es un poquito más alto que Daniel, aunque también más rechoncho. Sus mejillas son aún las de un niño. No sólo su mirada demuestra gran admiración por Daniel, sino que también lleva el mismo piercing en el labio que lleva su amigo y no se despega de él. Sólo tiene 15 años pero se esfuerza lo que puede por disimularlo y parecer mayor.

Tras escribir la letra del rap en la pizarra, Daniel empieza a cantarlo acompañándose de palmas ante la mirada de todos. Fran, por lo bajini y muy tímidamente, lo acompaña algo. Tras la breve actuación, las chicas de la clase le suplican entre gritos a Fran que haga un baile muy particular que él sabe, pero le puede la vergüenza y nos quedamos sin verlo. Ahí se acaba la timidez de Fran. Cuando un poco después continuamos la charla que habíamos comenzado justo una semana antes en su Instituto, a Fran se le suelta la lengua de inmediato. La complicidad entre Daniel y Fran, los grandes amigos, es tanta que a veces parecen hermanos.

Daniel nos habla de su novia a la que quiere mucho. Nos muestra con orgullo la foto que de ella guarda en su billetera. Por su aniversario de un año se compraron anillos. Nos dice que su novia es una chica muy celosa y quiere asegurarse de que las otras chicas sepan que él ya tiene novia. Pone los ojos en blanco y se ríe.

Le pregunto a Daniel si tiene un perfil en Facebook y él, lo mismo que su amigo Fran, empiezan a reírse a carcajadas. “Yo no, porque no tengo bastante tiempo. ¡Pero mi madre si que lo tiene!” Vuelta a las carcajadas.

Daniel tiene una hermana de 12 años. Fran también , además de un hermano de 21 años. El abuelo de Daniel es nada más y nada menos que Manolo Escobar, uno de los mitos vivientes de la canción española en los años 60 y 70. Como Fran, para variar, se rió ante la afirmación del amigo, en principio no le creímos. Entonces nos mostró al abuelo en una grabación de su móvil, cantando tal y como nos lo había contado.

Le preguntamos por su barrio. Fran nos mira con ojos oscuros y brillantes. “Ten cuidado. Las Tres Mil es un lugar peligroso.” Nos dice que no quiere vivir más ahí. Su ilusión es dejar el barrio y estudiar en la Universidad. Le gustaría ser ingeniero informático, aunque de momento nos dice que él va al instituto a divertirse.

Daniel, acostumbrado a ver deambular por el barrio los Mercedes de los que trafican con droga, se siente también atrapado. “Es difícil escapar de las Tres Mil” sentencia.

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